Ya lo dice Extremoduro: Ama, ama y ensancha el alma.

O si lo prefieres San Agustín: Ama y haz lo que quieras.

Así que, ama, todo lo demás llegará, si tiene que llegar, tampoco hay que obsesionarse.

Ya sabes que es mejor vivir amando el presente y disfrutar del momento que agobiarse con un futuro inexistente.

A la hora de hablar en público ocurre lo mismo.

Ama preparar un discurso, ama diseñar las diapositivas, ama hablar en público, ama lo que tengas que hacer y ama a tu audiencia, de esta forma todo se volverá mucho más fácil.

Seguro que alguien está pensando que es una estupidez amar por amar. Al plantearlo así puede que suene algo extraño.

La cuestión no es amar por amar sino llevar esa sensación placentera que tenemos en el pecho como bandera.

Es complicado dar una buena conferencia si la has preparado de mala gana, si es un trabajo que te agobia, te aburre y te estresa, si el día que tienes que impartirla estás deseando terminar porque quieres estar en otro lugar y te importan poco las personas que han ido a oírte. La pregunta es, ¿qué haces ahí?

Si no amas hablar en público no lo hagas y si lo tienes que hacer, por obligación laboral, como reto personal o por el motivo que sea, ama hacerlo porque sino aburrirás a tu audiencia, será un desastre y habrás perdido una oportunidad magnífica para evolucionar en tu forma de conectar con los demás.

Por favor, ama, ama y ama.

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