Al hablar en público debes ser consciente de que tu audiencia lo primero que quiere es oírte, luego vendrá el resto. Y oírte, debería hacerlo sin ningún esfuerzo.

Tu voz tiene que llegar con claridad a todos los rincones de la sala. Si usas un micrófono no tendrás ningún problema, siempre que esté bien ajustado. Para eso debes llegar con el tiempo suficiente y hacer las pruebas de sonido que precises.

Hay quién prefiere no usar micrófono porque la voz suena un poco metálica. Si quieres tocar el corazón de tu audiencia, que suene metálica, es un hándicap que te distanciará de ella. Aunque podría ser peor, que la mitad no nos oiga o lo haga con dificultad.

Proyectar la voz para que llegue sin esfuerzo es algo que pocas personas saben hacer. La mayoría, en un intento de potenciar su voz, acaba gritando. El resultado puede ser una afonía posterior que es mejor que evites.

Es imprescindible que conozcas tus limitaciones y capacidades vocales para saber si debes usar o no un micrófono. Puede que necesites uno siempre porque tienes problemas de garganta, respiración, tono de voz muy bajo, etc. No pasa nada, lo importante es que seas consciente de ello. Adelántate a los problemas que puedan surgir en la sala y comprueba que se te oye bien.

 


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