Si no te diviertes no lo hagas.

Si subes a un escenario a dar una charla con tensión, ganas de terminar y deseando que nadie te pregunte nada… mejor, no lo hagas.

No te amargues y no amargues a los demás.

Sólo cuando disfrutamos de lo que hacemos, lo que hacemos, se convierte en arte.

Te imaginas a un pintor, bueno o malo, no entro a valorar su valía, que no disfrute pintando, ¿para qué lo hace? ¿Por dinero? Al final, el dinero, sólo servirá para recuperar la salud perdida por hacer algo que le estresaba.

Por el contrario, si una escritora, otra vez no entro a valorar si es buena o mala, disfruta de lo que hace, desconecta de su vida gris cada vez que teclea, vuela con su imaginación por lugares que consiguen que olvide lo malo, se divierte buscando la frase perfecta… vivirá momento inolvidables, divertidos y felices.

Al principio, las primeras veces que subes a un escenario para dar una conferencia, parece que el mundo te va a comer, entonces descubres algunas herramientas que te ayudan a sentir que no es para tanto y empiezas a disfrutarlo.

Te puedo asegurar que es muy divertido, sólo debes concienciarte de que eres tú quien lo hace divertido y entonces… tu cambias y tu vida cambia para mejor.

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