A la hora de pronunciar un discurso siempre surge la misma duda, ¿lo leo o lo digo de memoria?

Es una duda recurrente, por lo menos al principio, después, cuando ya tienes cierta experiencia te vas adaptando según te haya ido en el pasado.

Las dos opciones tienen cosas buenas y malas.

Leer implica que debes bajar la cabeza y mirar al papel, el público no ve tu cara y mucho menos tus ojos, tus palabras no llenan la sala porque se quedan en el papel y el discurso suele sonar mecánico y monótono.

Después de este repaso te preguntarás, ¿qué tiene de bueno leer?

Pues que no te olvidas nada de lo que quieres decir.

Ahora experimenta lo que tengas que experimentar pero vale más, según mi opinión, perderse algo del discurso que perder naturalidad y espontaneidad.

 


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