Llega el día de la conferencias, estás frente al público y no recuerdas nada, dudas, lo tenías bien preparado pero algo ha fallado, los nervios te han borrado el cerebro.

¿Y ahora? ¿Qué puedes hacer? ¿Morirte? Es una opción pero poco aconsejable.

Y si empiezas con una pregunta, quizá contando una anécdota o una de esas frases mortales que deja a todo el mundo impactado, por ejemplo:

El 70% de las personas que están hoy aquí, dentro de 10 años estarán muertas. (La acabo de inventar, no se te ocurra decirlo la próxima vez que vayas a hablar en público).

Con una frase similar a la del ejemplo, pero que sea cierta, te puedo asegurar que ya tienes a todo el mundo pendiente de ti.

Al empezar a hablar lo que queremos es su atención, nada mejor que una pregunta, contar una anécdota personal o lanzar una frase que los deje “temblando” (también puede ser para bien, no te centres sólo en lo negativo).

Recuerda estás tres cosas y no te compliques, la próxima vez que te quedes en blanco improvisa con una de estás tres opciones.

¿Para qué quieres más?

 


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