Ayer hablábamos de las personas que, por su trabajo dan clases o incluso conferencias de una hora pero son incapaces de hacer lo mismo en 15 min.

No es cuestión de que todo lo que dices en una hora lo hagas en 15 minutos, por muy rápido que hables, eso es imposible.

Hay que sintetizar y captar las ideas más importantes de tu discurso, tres ideas bastan, ¿recuerdas que hablamos hace unos días sobre entregar a tu audiencia sólo tres ideas?

Otra justificación que suelo oír es que no saben de que hablar.

Todo el mundo tiene algo que contar, una anécdota, una historia, una aventura…

En las 24 horas que tiene el día nos pasan cientos de cosas, en tu vida, ¿cuántas te habrán pasado?

No hace falta que cuentes una anécdota personal, desagradable o feliz, puedes hablar sobre cómo te sentiste al leer una noticia en el periódico, que emociones inundaron tu cuerpo cuando nació tu primer hijo o hija, que pensaste sobre el cielo y la tierra en el entierro de aquel amigo…

Estos son ejemplos de que sí tiene mucho que contar.

Así que la próxima vez que alguien te invite a dar una charla, de 15 minutos o más, no lo desestimes, sólo tienes que echar la vista atrás y encontrar en tu vida personal o laboral, qué decir y luego decidir cómo.

 


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