Ayer decíamos, a modo de resumen, que el cuerpo no miente y te puede traicionar en algún momento de tu charla o conferencia.

Ha muchas políticos (y otras personas, esa profesión no tiene la exclusiva aunque es donde si se puede notar más) se les ha “pillado” en alguna rueda de prensa donde una pregunta incómoda les obliga a bajar la mirada, fruncir el ceño, tragar saliva.

Todo eso son señales inconscientes de que algo no va bien en su interior.

Saben que mienten o tienen que mentir y ese auto control lo sabotea su cuerpo.

Cuando mientes te sube la tensión, el corazón se acelera e incluso puedes sudar.

A muchas personas le sudan las manos, a otras se lo ponen las mejillas rojas, se sonrojan, y otras no paran de moverse o incluso las manos parecen dos palomas intentando levantar el vuelo sin conseguirlo.

La honestidad a la hora de hablar en público es decir lo que sientes y sentir lo que dices para que el cuerpo esté en concordancia y no te traicione.

Así que la próxima vez que prepares una conferencia, una presentación o un evento donde tengas que dirigirte a alguien, ¿qué crees que pasará si tus palabras, tus pensamientos y tus acciones están en concordancia?

 


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