Para la gran mayoría, lo más importante del mundo es el dinero.

Aún así, hay una minoría consciente que sabe que existe algo mucho más importante, que lo disfruta cada minuto, porque escasea más que el dinero y al ser limitado tiene un valor infinito, su tiempo.

Cuando das una charla u organizas un taller, es decir, te diriges a un público que por propia voluntad está ahí dispuesto a regalarte su tiempo, su bien más preciado, ¿no crees que lo hace porque te quiere?

Quizá busque aprender algo concreto y mira tú que casualidad, es de lo que vas a hablar, quizá va porque le han dicho que impartes unos talleres espectaculares y no tiene otra cosa mejor que hacer, puede que esté haciendo tiempo mientras espera a su pareja, a sus hijos, o el maldito autobús que siempre se retrasa…

Sea por el motivo que sea, está ahí y no en otro lado. Además, está porque quiere (a no ser que esté en prisión y le hayan obligado) así que escogió oírte a ti en vez de estar en otro lugar.

Busca todas las excusas que te apetezcan pero tu audiencia valora su tiempo y si te lo está regalando a ti y a nadie más, es porque te quiere.

Tampoco confundas ese “querer” porque al final de tu charla se pondrán en pie, si haces muy buen trabajo, pero dudo que se pongan de rodillas para pedirte matrimonio. Bueno, aunque las probabilidades son bajas, no descartes nada, la vida es impredecible.

 


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