Los problemas pueden ser urgentes o importantes. Una vez ordenados, sus soluciones deben seguir el mismo orden.

Un problema, una solución, un problema una solución… y así hasta el infinito.

El problema que surge con los problemas (permíteme la redundancia) es que, algunas veces, por mucho que los ordenes, no encuentras la solución.

Para la gran mayoría de las personas, el miedo que sufren al hablar en público no tiene remedio, por mucho que lo ordene junto con otros problemas que tiene en su vida, nada, es lo que es y punto, es imposible.

¿Cómo resolvemos algo que creemos que no podemos?

Quizá suene muy radical pero lo primero que debemos hacer es reconocer el miedo.

No basta con decir que lo sufrimos, es cuestión de sentirlo, asumirlo e incluso quererlo.

El miedo a hablar en público es nuestro y de nadie más así que mejor llevarnos bien con él.

Abraza a tu miedo para poder controlarlo.

El resto, ganar confianza, soltura y determinación, llegará.

 


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