Imagina que tienes tres segundos para salvar tu vida. ¿Qué harías?

¡Tarde!

Lo has pensado tanto que ya estás “viviendo” (¿se puede decir viviendo cuando en realidad no tienes vida?) en el otro lado.

Cuando expones una diapositiva en tu conferencia el público tarda tres segundos en analizarla. Recorre con la vista, de izquierda a derecha y de arriba abajo, la imagen a la velocidad del rayo. Si tienes texto lo leerá pero si le cuesta mucho, porque la letra es pequeña o has puesto muchas palabras, desconectará muy rápido.

No te van a seguir si les das mucho trabajo; oírte, leer, analizar la imagen y encajar todo en su mente de una forma ordenada es demasiado.

Si en tres segundos no se entiende la idea principal, de esa diapositiva que has tardado tanto tiempo en diseñar, lo siento, no sirve, suprímela.

Ganarás algo que es muy importante al hablar en público; claridad en tu exposición.

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