Tardan tres segundos en juzgarte.

Eso es lo más inquietante que hay o lo más liberador, todo depende de cómo te lo tomes.

Ya eres consciente de eso, así que debes analizar qué quieres transmitir con tu presencia, tu forma de vestir, de caminar, de hablar…

No necesitas hablar para transmitir.

Es tuya la responsabilidad de saber qué transmites sin hablar.

No lo dejes en manos del azar, del universo o de la indiferencia porque puede jugar en tu contra.

 


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